Valorarse es una necesidad del ser humano, y afecta a nuestro estado de ánimo, nuestra capacidad de tomar decisiones y al rendimiento en el trabajo. Nos da una seguridad, que nos ayuda a vencer obtáculos y sentirnos mejores y más capaces.
Si tenemos una baja autoestima, tendremos miedo a arriesgarnos. Un concepto negativo de nosotros mismos nos lleva a cometer errores y nos hace sentir aún más incapaces.
Cuando estás convencido de tu propio valor, competencia y simpatía, serás abierto, amistoso, optimista. Por otra parte si careces de esos sentimientos y te sientes más bien incompetente y desagradable. Esperarás el rechazo y abandono de los demás, y creerás que tu vida es un fracaso. Tu energía se concentrará en hacer todo lo posible para que los demás no descubran lo que en realidad eres. Como esperas el rechazo y crítica, serás hostil, introvertido y poco amistoso.
También nuestro autoconcepto, afecta a nuestra estima laboral, que es la conciencia de la propia competencia, el conocimiento de que somos capaces de desempeñar nuestra labor. Si carecemos de este sentimiento tendremos problemas en el trabajo.Una buena autoestima nos ayuda a defender nuestros principios y valores. Si pensamos que somos buenos en lo que hacemos, será más fácil que disfrutemos con nuestro trabajo.
Se ha demostrado que los trabajadores con un alto nivel de confianza en sí mismos rinden más y de manera más eficaz. Por eso, como vivimos en una sociedad en costante proceso de cambio, debemos reciclarnos apuntandonos a cursos y talleres que nos ayuden a conocer mejor y dominar lo que hacemos.
Es cierto que a todos de una forma u otra nos han herido y machacado nuestra autoestima. En una sociedad tan competitiva, muchos tratan de resaltar tus debilidades y carencias para así, exalatarse ellos mismos. Por eso debemos desarrollar la estrategia de la compensación, esto significa neutralizar nuestras debilidades y sacar provecho de nuestros puntos fuertes. No estamos capacitados para cualquier tarea, ni poseemos todos los talentos y habilidades. Porque Dios dice que El ha repartido los dones y talentos como quiso y no todos hacemos de todo. Además debemos recordar que toda debilidad, tiene un punto fuerte detrás y viceversa. Y eso, nos proporciona la energía emocional que nos impulsará a lograr el éxito, porque necesitamos sentirnos valiosos, comprobar que somos capaces. Pero para eso hay que arriesgar, intentarlo. Freud decía que: ” la pereza es sencillamente el miedo a no triunfar”.
Uno de los miedos con los que estoy luchando ultimamente es de de hablar en público. Y me ayuda mucho una frase que escuché en una ocasión: ” El valor no es la ausencia de temor, sino la conquista del temor”. La mejor forma de superar los miedos, de demostrarte a ti mismo que eres capaz, es enfrentandolos.
Además, los cristianos sabemos que nuestra competencia viene de Dios, 2 Corintios 3:5 y cuando aprendemos a confiar en Dios, aumenta automaticamente nuestra confianza en nosotros mismos.