Con catorce años me fuí a estudiar a un internado en Zaragoza y cuando llegaban estas fechas y escuchaba en televisión este anuncio que dice: ” Vuelve, a casa vuelve por Navidad…” no podía evitar que se me calleran las lágrimas. Algo se movía dentro de mi. Anhelaba llegar a casa y recibir un abrazo de mi familia.
Mi familia no es ideal, supongo que ninguna lo es, tiene mucho fallos. Yo no he elegido a mi familia, pero la necesito y ellos me necesitan. Cada miembro de la familia es importante, por eso cuando llegan estas fechas y falta alguno de ellos, se le echa mucho de menos. Pero es ley de vida, unos mueren, otros tienen que marcharse y otros se distancian. Sea cual sea el motivo de que no estén, se siente ese vacío. No podemos olvidar que estamos aquí de paso y que no sabemos si mañana estaremos al lado de nuestros seres queridos o no. Por eso no debemos dejar pasar ninguna oportunidad de decirles lo importantes que son para nosotros y de disfrutar junto a ellos, vivir cada momento como si fuera el último.
Todos tenemos la necesidad de ” pertenecer”. El niño halla confianza y seguridad por el hecho de pertenecer a una familia. Si por algún motivo la familia se rompe, se divide, sus miembros sufren más de lo que nos podemos imaginar.
La familia fué el diseño de Dios para la humanidad. El núcleo familiar es el fundamento de la seguridad individual, la identidad y el cariño. Es el mejor vehículo para transmitir valores y el sentido de propósito, de futuro. Si uno crece fuera de una unidad familiar o en una familia desestrucutrada, es probable que sufra algún trastorno sociosicológico. No existe otra institución que pueda reemplazar a la familia.
Para Dios es tan importante la familia que decidió nacer en Navidad, para formar parte de una de ellas y ofrecernos así, la posibilidad de tener también una familia espiritual. Aunque la mayoría tenemos una familia, hay hombres, mujeres y niños que se sienten desamparados, abandonados, rechazados e indeseables, pero me encanta el Salmo 68:6; ” Dios hace habitar en familia a los desamparados”, porque con Dios siempre hay esperanza.
No sé porque, pero la Navidad, a veces, actúa como un amplificador de carencias, de rencores, de enfermedad, de crísis, de soledad, de pobreza,…, pone de manifiesto lo que nos falta, nuestro vacío. Pero en Navidad, también podemos valorar lo mucho que tenemos y dar importancia a lo que verdaderamente la tiene. Porque cuantas familias se pelean por cosas insignificantes, por cosas que cuando se vayan de este mundo no se van a poder llevar, por egoísmo. Por qué no, hacer de la Navidad un tiempo de encuentro…, encuentro con la familia, encuentro con Dios, encuentro con uno mismo. Tiempo de reconciliación, de perdón, de entrega, de renuncia, de dar, de amar…, de celebrar que Dios nos ha regalado una familia preciosa y un Salvador, que es Cristo el Señor. Lucas 2:11. El único que puede cambiar nuestras circunstancias y nuestra vida.
Es importante recordar estas Navidades y cada día del año las palabras del psicólogo Adler: ” La felicidad se encuentra tratando de hacer felices a los demás”.
Crecer jugando es el tema que tratamos el miercoles en Radio Encuentro y lo enfocamos a los niños. Jugar no es solo una diversión, para el niño es también una necesidad. Representa una manera de aprender muy importante, que contribuye enormemente al desarrollo físico, emocional, social e intelectual de los niños.