Esta semana unos amigos nos contaron a unos cuantos que su hijo estaba muy triste porque se iba a morir su iguana, hasta el punto que el niño también quería morirse. Y no se porque, una compañera de natación comentó: ” hasta donde llega la cosa que mi vecina me ha dicho que para su perro compra jamón de Campofrio y para su marido el que está de oferta”.
Estos comentarios me han hecho pensar en los vínculos que se crean entre los hombres y los animales. Cuando era pequeña vivía en un pueblecito de Guadalajara que se llama Salmerón y recuerdo que en mi casa teníamos muchos perros, yo me encariñé mucho con el más feo. Un día mi padre decidió matar uno y no se porque mató al que yo más quería. Lloré por ese perro, como jamás recuerdo haber llorado por nadie, mis ojos se embotaron y estuve todo el día sin comer.
Es cierto que es muy bueno para los niños tener animales, aprender a cuidarlos y responsabilizarse de ellos.
Para los ancianos, los cuidados que exigen un animal les devuelve la oportunidad de dar afecto y atenciones. Sobre todo cuando están deprimidos el animal les ayuda a romper el vacío de actividad y suplir las carencias afectivas, transpasando las barreras de la soledad y aislamiento.
Es triste, pero en muchas familias, cuando el niño llega a casa solo sale a recibirlo su perrito, moviendo la colita y dando saltos de alegría, además le lame la cara al niño dandole un beso de bienvenida. Nadie más está ahí. Su perro, su mascota, sea cual sea, le acompaña y le brinda afecto incondicional. Pero, lo mismo que digo del niño, le sucede a muchos adultos. Hasta el punto que hay personas que sufren el síndrome de Walt Disney, humanizan a los animales para suplir sus carencias emocionales.
Gracias a Dios por los animales, porque el los creó para beneficio del hombre. Pero, estemos pendientes de nuestros seres queridos, de sus necesidades no solo físicas, sino también emocionales y espirituales. Porque los vínculos principales deben desarrollarlos con nosotros y los secundarios con los animales, núnca se deben invertir los papeles. Todos necesitamos recibir afecto, pero no todos necesitamos la misma cantidad e intensidad, por eso es importante conocer a las personas y llenar su tanque emocional. Y también, explicarles que solo Dios puede llenar sus corazones de una manera que ningún ser humano podrá hacerlo jamás.
Esta semana uno de los temas que hemos tratado en Radio Encuentro ha sido: ” San Valentín”, en algunos países como España se celebra el día de los enamorados y en otros el día del amor y la amistad. Uno de los contertulios ha destacado que el nombre del santo es muy acertado porque hay que ser ” Valentón” para amar a otra persona. Y estoy totalmente de acuerdo, amar como Dios dice en la Biblia requiere valor y coraje. El verdadero amor impica entrega, sacrificio, estar dispuesto a sufrir, generosidad, compromiso, sometimiento, etc, palabras que tristemente, cada vez están más en desuso en una sociedad hedonista e individualísta.