El viernes en la frutería una mujer me dijo: “¡Qué manos mas bonitas tienes!. Si hubiese sido un hombre hubiera pensado que intentaba ligar conmigo. Pero al ser una mujer la miré sorprendida porque hasta ese momento nadie me había dicho que tengo unas manos bonitas. Después me preguntó: “¿Qué haces para cuidarlas?” a lo que le respondí: nada, no hago nada.
Pero me quedé pensando… ¿Por qué unas manos son hermosas y otras no? ¿ Por qué algunas personas se fijan en las manos? ¿Qué es lo que nos atrae de ellas?.
Algunos opinan que nuestras manos dicen mucho a cerca de nuestra personalidad y que además estas núnca mienten. Nuestras manos son grandes comunicadoras tanto si es nuestra intención o no. Enfatizan en gran medida lo que decimos o sentimos con grandes o pequeños gestos. Junto con la expresión de la cara y el lenguaje corporal representan según los expertos el 55% de nuestra comunicación y suelen ser más expontaneas, sinceras y expresivas que el leguaje hablado. Es cierto que el lenguaje corporal es una fuente de información importante para aquellos que saben escucharlo. Y supongo que todos hemos observado que hay personas que incluso cuando hablan por teléfono gesticulan con sus manos. A mi me resulta curioso observar a uno de mis compañeros de radio mover sus manos cuando habla en un medio que no es visual, pero para algunos las manos son una gran fuente de expresión.
Aristóteles decía que la mano era el instrumento de los instrumentos. La parte más útil del cuerpo, instrumento del cerebro, está dotada de una estructura perfectamente adaptada a sus diferentes funciones. Por eso creo que cuando Dios derrama su amor en los corazones de aquellos que se acercan a El, que le buscan, ese amor fluye e influye poderosamente en la voluntad y embellece los labios, hermosea los ojos, las manos y la vida entera.
Las manos más hermosas son aquellas que se consagran a Cristo, que se ponen a su servicio. Son aquellas manos que trabajan para tener que compartir con los que padecen necesidad Efesios 4:28. Son manos que sirven, acarician, curan, consuelan, dan, etc.
De esto aprendo que la mejor manera de cuidar mis manos es cuidar mi relación con Dios, es llenar mi corazón de su amor para que este fluya a través de mis manos para servir a otros.

El tiempo, la distancia y las muchas ocupaciones nos impiden encontrar un espacio para hablar de las cosas que nos ocupan y nos preocupan en profundidad. No hay nada como un viaje de cinco horas de ida y otras cinco de vuelta para hablar.
Esta semana he comido con una amiga con la que quedo con cierta asiduidad y cuando nos encontramos, hablamos del tiempo, de los amigos, de la vida, de nuestra vida…