Conociendo al Verbo de Dios

Id y haced discípulos – El Blog de Celia Casalengua

Meditando sobre la soledad

Posted by Celia en 24 enero, 2009

mujer-ventana    Estoy leyendo un libro que se titula: ” Solas” de Carmen Alborch. La lectura de este libro me está ayudando a reflexionar sobre diferentes aspectos de la soledad, tan temida por unos y tan querida por otros. Y quiero compartir algunos apuntes y pensamientos con vosotros.

    ¿ Soledad elegida, voluntaria, o soledad fatal, impuesta?. En principio ningún ser humano está destinado a vivir solo, Dios dijo: ” No es bueno que el hombre esté solo…”. Génesis 2:18; más bien esta soledad es resultado de una compleja interacción de aspectos sociales, culturales y personales, no es una elección tajante. Pero siempre surge la pregunta: ¿hasta que punto somos libres para tomar nuestras decisiones?.

    Hay mujeres que sin ” glorificar” su estado demuestran que vivir sin pareja es una alternativa legítima y positiva que, por otro lado, no necesariamente ha de ser definitiva.

    Cuando una mujer que no tiene pareja se siente, en un momento dado, infeliz o insatisfecha, se suele atribuir al hecho de no estar casada y no se piensa que esa sensación de melancolía acompaña esporádicamente a todos los seres humanos conscientes de su condición, cualquiera que sea su estado civil. La soledad nace dentro de una misma, como una especie de vacío espiritual que necesitamos llenar. Pero, insisto, no es un sentimiento exclusivo de las mujeres sin pareja.

    Pero, como hemos dicho, no estamos destinados a vivir solos y cuando llega el amor y las pasiones se instalan en el corazón de los amantes producen una fuerza tan intensa como el dolor de la herida, que sólo puede encontrar alivio en el objeto que enciende su deseo, como veneno agridulce que les  impide escapar de maleficio en el que inevitablemente resultan atrapados. En estos casos, únicamente la sabiduría, el conocimiento y el dominio propio pueden aportar alguna disciplina.

    Queremos ser amados y, al mismo tiempo, queremos tener nuestro propio espacio. En el caso de las mujeres esto puede resultar especialmente problemático. A cambio de esa libertad el precio puede ser sentirse o estar sola, vacío que intentamos llenar sin examinar en muchas ocasiones las causas de ese sentimiento. Conceptos como autonomía, independencia, identidad, individualidad o emancipación se relacionan estrechamente con las mujeres solas, aunque no exclusivamente con ellas. En efecto, para algunas mujeres la privacidad y la independencia son muy importantes para su bienestar y se dedican a cultivarlas proporcionando las actitudes adecuadas para obtenerlas. Y, por otra parte, como no necesitan casarse para mantener unas relaciones intimas gratificantes, ni les compensa lo que un marido tradicional les puede ofrecer – estatus, dinero o identidad social – desconfian del matrimonio por los compromisos, renuncias y pérdidas que éste les puede suponer. Pero no es así para la mujer cristiana, ella si necesita casarse para tener relaciones intimas satisfactorias y reconecen el valor del compromiso y las renuncias. Porque en la vida siempre hay que renunciar a algo para obtener otra cosa que tu, en ese momento dado, consideras mejor. No se puede nadar y guardar la ropa como algunos pretenden. Como Paul Tournier dijo: ” El hombre que se encuentra sobre el trapecio se agarra a la barra porque le da seguridad. Pero cuando aparece ante su vista la barra de otro trapecio, es preciso que suelte una barra y salte a la otra”. Aunque es un proceso que asusta, el ser humano tiene que arriesgar para disfrutar de experiencias más apetecibles en esa etapa de su vida, pero en definitiva es una elección consciente y responsable que le traslada a una nueva forma de vivir la vida. Aunque pienso, que una persona núnca debe renunciar a sus principos y valores por respeto a si misma.

    Como dijo James Russell Lowell: ” La soledad es tan necesaria para la imaginación, como lo es la sociedad para la formación del carácter”. Creadores, artistas, pintores, escultores, músicos, novelistas y poetas han plasmado o han sido movidos por ese persistente deconsuelo de quien sufre de soledad frente a sus semejantes y, también, el significado que, como estímulo, ha tenido éste para la creación de las más grandiosas y sublimes obras de arte.

    Es, pues, la soledad, un fenómeno complejísimo que varía en función de los seres que la sufren y la circunstancia personal, espiritual o social por la que atraviesan. ¿ Cuántas de nosotras estamos hoy encuadradas en al categoría de mujeres solas? Y ¿ por qué lo estamos las que lo estamos?. creo que mayoritariamente estamos solas porque no nos conformamos. Vivimos acompañadas mientras nos sentimos queridas, mientras se mantiene el deseo, mientras perdura al complicidad y el respeto. Y podemos vivir solas, sin estar solas, ni sentirnos solas, ni ser personas solitarias.

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4 comentarios to “Meditando sobre la soledad”

  1. carolina said

    no quiero seguir sola, me afecta, no se que pasa conmigo, he orado la Señor por un marido y no pasa nada,eso me afecta, hace un par de meses tuve que terminar una relacion, principalmente por que él no era cristiano , pero desde esa fecha he estado muy triste, temo caer en depresion.

  2. eddy said

    Y cuando la mujer decide separarse del hombre para buscar una presunta idealización, cómo acompaña la soledad ese hombre…?

  3. hola nada

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