Conociendo al Verbo de Dios

Id y haced discípulos – El Blog de Celia Casalengua

Archive for 25 abril 2010

Acariciando con las palabras

Posted by Celia en 25 abril, 2010

    No debería ser tan difícil decir sinceramente, lo que sientes, lo que quieres, lo que necesitas, las cosas bonitas que ves en otra persona, que cosas te gustan o te han hecho feliz. Frases como: “Me gusta hablar contigo” “Me alegro de verte” “Qué camisa tan chula” “Te quiero mucho” “Gracias” “Estás muy guap@”, etc, no deberían faltar en nuestro vocabulario porque son muy enriquecedoras para el ser humano.

    Me encanta acariciar a las personas que aprecio con mis palabras pero dependiendo del grado de confianza que tenga con ellas me atrevo más o menos a hacerlo. Ahora estoy viviendo en casa de mi hermana ya que a consecuencia de mi atropello necesito ayuda para todo, para ducharme, sentarme, levantarme, partir un filete, vestirme, etc y cada vez que le digo gracias a mi hermana, reacciona diciendo que no tengo que estar dando gracias continuamente. En estos momentos aprovecho para decirle a mi familia lo mucho que los quiero y lo importantes que son para mi. Algunas noches le pregunto a mi sobrina: ¿Te he dicho hoy que te quiero?. En una ocasión me respondió que no era necesario decirlo tan a menudo que eso se veía con los hechos, le dije que estaba de acuerdo con ella pero, que no quería que se le olvidara lo mucho que la quiero. Entiendo que hay personas que les cuesta mucho recibir halagos porque creen no merecerlos porque piensan que están cumpliendo con lo que es su obligación. Aunque así sea, yo creo que nos hace mucho bien ser reconocidos de vez en cuando. En ocasiones, estas personas llegan a pensar que se lo dicen para que ellos se sientan bien pero que en realidad no lo piensan.

    Otros se sienten culpables por aceptar un cumplido porque para ellos significa que son engreídos y creen que deben ser más humildes. Pero como dice en 1ªCorintios 4:7 “Porque ¿quién te distingue?¿o que tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorias como si no lo hubieras recibido?” Evidentemente no debemos envanecernos pero si dar gracias tanto a la persona que nos comunica lo que aprecia de nosotros como a Dios por habernoslo concedido. También están aquellos que cuando los demás los alaban o les dicen algo agradable se bloquean, no saben reaccionar, se quedan callados o bajan la cabeza. Pero es importante responder con una sonrisa o un gracias para que otra la persona sepa que su caricia verbal ha sido recibida.

    Al igual que a veces nos cuesta recibir afecto también nos cuesta expresarlo. En todo esto creo que influye mucho si vivimos la vida como un derecho (los demás están obligados a…, yo merezco eso y más) o como un regalo (lo hace porque me aprecia, podía no hacerlo). A la hora de acariciar a otros con nuestras palabras no debemos dar por sentado que la otra persona ya sabe lo que lo que pensamos, ni tampoco que va a interpretar de forma equivocada lo que decimos.

    Todos necesitamos sentir la seguridad de que somos adecuados, valiosos, dignos de respeto. La caricias verbales fomentan nuestro bienestar emocional, nuestra autoestima, favorecen las relaciones interpersonales, nos ilusionan, nos animan a seguir haciendo aquello que ha hecho feliz al otro. Yo reconozco que  me resulta más fácil acariciar verbalmente a otros que ser acariciada y que en lugar de quitar importancia a lo que me dicen es mejor agradecerlo. No debemos esperar que otros adivinen lo que necesitamos y no está mal en alguna ocasión sobre todo cuando estamos bajos de ánimo decir: ¡dame un abrazo!, dime lo que te gusta de mi. Tampoco está mal acariciarnos a nosotros mismos  reconociendo los éxitos propios, premiandonos o haciendo algo que nos gusta. Lo que nunca debemos aceptar son las caricias negativas, debemos poner  límites y hacernos respetar “No vuelvas a insultarme” “No vuelvas a decir eso”.

   Es muy bueno escuchar también lo que  Dios dice de nosotros en  la Biblia, allí encontramos palabras tan  bonitas como que, somos la niña de sus ojos, que nos lleva clavados en las palmas de sus manos, que somos su especial tesoro, etc. porque eso acaricia nuestra alma llenando nuestro corazón de gozo y de gratitud hacía El.

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Si, todavía estoy viva

Posted by Celia en 16 abril, 2010

    Si, todavía estoy viva. Podría estar muerta porque el 5 de marzo me atropelló un coche en un paso de cebra con el semáforo en verde. Recibí el impacto en el lado izquierdo y me rompió la clavícula, me hizo un esguince y me dí un golpe en la cabeza al caer al suelo.

    En Semana Santa dos chicas cruzando un paso de cebra fueron atropelladas y  murieron en el acto. Y dije, “Señor, ¿Por qué no morí yo?”. No porque desee la muerte, no. Sino porque creo que estaba preparada para morir. Esa tarde había estado evangelizando en Cabanillas del Campo y venía de una reunión de adoración, solo hubiese sido un paso más para encontrarme con Dios. Pero los planes y los pensamientos de Dios para cada persona son inescrutables.

    Una persona de mi iglesia me dijo: “Tienes que tener cuidado con las oraciones que haces porque el martes le pediste a Dios que te quitara el estrés y la ansiedad y mira lo que te ha pasado”. Otros muchos me dijeron, gracias a Dios que no ha sido más, podía haberte matado. Mi cuñado me dijo, “Si, gracias a Dios, seguro que Dios esa noche estaba por ahí de copas”.  Pero yo digo, gracias a Dios y por la gracia de Dios, me atropelló el coche.

    La principal característica de un accidente es que es inesperado, y por lo tanto, es imposible pronosticar las reacciones, conductas y emociones que se derivan cuando este ocurre. Trastoca toda tu vida, especialmente si no te puedes valer por ti mismo. Pasas a depender en todos los sentidos de otras personas, cosa que a mi me resulta bastante difícil porque soy una persona muy independiente. Pero es bueno pasar por momentos así para que nos demos cuenta de lo frágiles, vulnerables e insuficientes que podemos llegar a ser. En estos momentos descubres el gran valor que tiene la familia. Mi familia está siendo una gran bendición para mi, puedo ver el amor que me tienen, disfruto de su cuidado, su compañía, en definitiva de estar con ellos. Los amigos y hermanos en la fe también son un apoyo necesario e importante para mi. Hoy quiero rendirles un homenaje, porque estoy muy agradecida por todas las llamadas, mensajes, visitas, flores, bombones, palabras de ánimo y los gestos de cariño. Darles las gracias a los que día a día han estado ahí animándome y por los que lo han hecho ocasionalmente. Porque la palabra curar deriva de la palabra cariño.

    Uno de los comentarios más frecuentes ha sido el de: “paciencia”. Acostumbrada a vivir deprisa, ahora estoy aprendiendo a ser paciente y no desesperarme, a disfrutar y emocionarme con una canción, una sonrisa, una poesía y un gesto de cariño. A valorar y apreciar muchas cosas que consideramos obvias, como es estar viva. Me doy cuenta que la vida sigue sin nosotros pero nosotros no podemos seguir sin la vida. En realidad, somos afortunados porque siempre hay personas que sufren más que nosotros.

    Como dice en Eclesiastés 3, hay un tiempo para todo. Por eso, lo importante es discernir los tiempos que nos tocan vivir ahora y aceptar que Dios tiene control total y absoluto sobre nuestra vida.  Lo que nos ocurren hoy, es su voluntad para nosotros en este preciso momento. Seguramente que nunca lleguemos a tener todas las respuestas a cerca de lo que nos acontece pero Dios nos llevará al punto de confiar y depender de El sin necesidad de explicaciones.

    Me he dado cuenta que no hay un manual para el enfermo y aunque lo hubiera, como cada ser humano es único e irrepetible dudo que sirviera de mucho. Cada persona y cada enfermedad es diferente, por eso no se puede comparar una con otra. Reconozco que en ocasiones he hecho comentarios desafortunados con el fin de animar a personas que estaban enfermas y ahora me doy cuenta que a veces es más sabio callar y sencillamente estar. No hay nada como sufrir y pasar por… para llegar a ser sensible y comprensivo con los demás. Y como dice en 2ª Corintios 1:4 que podamos así, consolar a otros.

    La vida es pasajera, “Neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego desvanece” Santiago 4:14.  Cuando nos pasan estas cosas nos damos cuenta que estamos aquí de paso, pero que vivimos como si nos fuéramos a quedar siempre. Y que debemos dar prioridad a las personas y a las cosas que realmente nos importan. En definitiva, deberíamos vivir nuestra vida a la luz de la eternidad.

    De momento sigo en el taller de reparaciones del Maestro.

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