Conociendo al Verbo de Dios

Id y haced discípulos – El Blog de Celia Casalengua

Archive for 23 junio 2010

Señales…

Posted by Celia en 23 junio, 2010

    Este fin de semana iba con un amigo de León a Méndez Álvaro porque habíamos quedado allí con otros amigos. Pero en un cruce de la M-30 teníamos que escoger dirección Burgos o Badajoz y mi amigo se decidió por la de Burgos. Cuando nos dimos cuenta de que nos habíamos equivocado ya estabamos en el barrio del Pilar. Como no sabíamos como volver para Méndez Álvaro llamé a mi amiga y ella me iba dando indicaciones, pero las señales que íbamos siguiendo no nos dejaban salir por donde ella nos decía y acabamos una y otra vez dentro del túnel. Lo recorrimos por lo menos cuatro veces en ambas direcciones sin encontrar la salida apropiada. Hasta que al final, sin saber como, nos encontramos con la señal que nos dirigía a Mendez Alvaro.

    Así ocurre en nuestras vidas, que muchas veces nos encontramos con señales confusas y no sabemos que dirección tomar. ¿A qué me refiero con señales?. Las señales como toques de atención sobre algo, como ayuda para tomar una decisión, como oportunidad que se nos presenta, como se dan las circunstancias o vemos algo que nos ayuda a decidirnos. Pero a veces nos ocurre como cuando vamos conduciendo, que a lo largo del recorrido hay un montón de señales, algunas las seguimos de forma automática, otras ponemos mucha atención y otras las pasamos sin darnos cuenta.

    Las señales son casi siempre para indicarnos un peligro, una curva peligrosa, unas obras, un túnel, un cruce, nos dicen que reduzcamos la velocidad, que prestemos atención. Lo mismo pasa cuando conducimos nuestras vidas, debemos prestar atención a las señales que recibimos. A veces son un malestar de estómago, nos falta el aire, dolor de cabeza…, son señales para advertirnos que hay un peligro, que reduzcamos la velocidad, que paremos si hace falta.

    En cruces complicados nos encontramos con personas con las que podemos tener encontronazos si no respetamos los stop y los ceda el paso de cada cual…a esas señales debemos estar muy atentos y a veces con solo mirar las caras podemos intuirlas. Dicen que entre el 60 y 70 % de lo que comunicamos los seres humanos se transmite por medio del lenguaje no verbal. Las señales son tan diversas como las situaciones con las que nos podemos encontrar en la vida.

    En Mateo 11:2-11 nos encontramos a un Juan el Bautista, en la cárcel, al que le asaltan las dudas y envía a dos de sus discípulos a preguntar: “¿Eres tu el que había de venir, o esperamos a otro?”. Y Jesús como respuesta habla de las señales, la evidencia, las credenciales de quien era; “Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio”. La pregunta que se nos plantea es.¿Está bien pedir señales? o por el contrario es signo de inmadurez. Un cristiano maduro puede determinar con mayor facilidad cual sea la voluntad de Dios en todos los aspectos de su vida, porque opera sobre la base de principios bíblicos, sus sentidos están ejercitados y entrenados en la obediencia a la Palabra de Dios, Hebreos 5:11-14. Pero hay situaciones en las que no es tan evidente conocer la voluntad de Dios. Por ejemplo, Si tenemos dos ofertas de trabajo pero cada una en un pueblo distinto, y queremos saber si viviremos en Aranda o Riaza. ¿Cómo podemos saber la voluntad de Dios? ¿Qué factores debemos tener en cuenta?. Pienso que no solamente debemos considerar el sueldo y las condiciones laborales que ya son bastante importantes. Sino también, debemos pensar en las implicaciones que va a tener en mi vida espiritual, familiar, social y personal. Un requisito indispensable es orar, buscar la dirección de Dios y creer que va a dirigir nuestros pasos. Dios es el Señor y dueño de las circunstancias y estas no se van a dar por casualidad, El ordena los acontecimiento en nuestra vida de acuerdo  a Su plan Soberano. Una pregunta interesante que deberíamos plantearnos es: ¿Tengo mi mente y mi corazón puesto en el propósito eterno de Dios?. Porque entonces las señales serán seguras.

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Un sueño mundial

Posted by Celia en 16 junio, 2010

    Nelson Mandela tenía el sueño de conseguir una democracia multirracial en su país, Sudáfrica. Un sueño que tras 27 años en prisión, consiguió hacer realidad en 1994 cuando ganó las elecciones y acabó con el apartheid. Pero Mandela tenía otro anhelo: ver a Sudáfrica convertida en la sede de una cita mundialista. Un sueño por el que luchó y que se ha hecho realidad.

    El premio Nobel de la Paz y héroe de la lucha contra el “apartheid”, Desmond Tutu, afirmó la semana pasada que vivía “un sueño” con el Mundial de Fútbol, que acaba de comenzar en Sudáfrica. Samuel Eto’o, la estrella de la selección de Camerún, dijo que para él, jugar un Mundial de Fútbol en su propio continente, es un sueño que ha esperado durante toda su vida.

    32 Selecciones, con los mejores jugadores de cada país, la élite del fútbol, se dan cita por primera vez este año en África. Y todas con un mismo propósito, alcanzar la victoria, ganar la copa.

    Dios también tiene un sueño mundial y una selección. Ha hecho una elección con personas de toda tribu, lengua y nación para jugar un papel muy importante en la historia de la humanidad y a nivel mundial.

    La Biblia enseña que Dios nos ha elegido, nos ha seleccionado antes de la fundación del mundo Efesios 1:4. Pero, en este caso, no ha elegido a los mejores, sino como dice en 1ªCorintios 1:27 “que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil de mundo escogió Dios, para avergonzar a los fuertes”. La elección de Dios es resultado de su gracia, “los amaré de pura gracia” dice en Oseas 14:4. La pregunta que a todos nos viene a lo mente es ¿Por qué lo hizo así? como dice en 2ªCorintios 4:7 “para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros”, porque al final del Mundial, cuando nos subamos al podio, los aplausos sean para Dios, para la alabanza de su gloria, Efesios 1:6,12.

    Para llegar al punto de obtener el premio, me pregunto ¿Cómo estoy jugando el partido?. Para ganar se requiere entrenamiento, disciplina, esfuerzo 1ª Corintios 9:27, máxima concentración Hebreos 12:2, ocupar la posición que a cada uno le corresponde en el campo 1ª Pedro 4:10 y jugar con pasión, con entrega y dándolo todo. Para obtener la victoria el papel del entrenador es fundamental porque él elige las estrategias que los futbolistas van a desarrollar en el campo a fin de que el rendimiento sea óptimo y puedan dar así, lo mejor de ellos. Su función incluye que los jugadores puedan corregir sus defectos en el juego y que sepan también, contrarrestar a su rival. Por eso es necesario que los jugadores escuchen y sigan las indicaciones de su entrenador para así, es obtener la victoria y ganar la copa.

    Dios nos ha seleccionado con el fin de darnos el privilegio de participar en su sueño Mundial, de llevar a otros a alcanzar la salvación, de llevarnos a participar de su gloria y que al final de los tiempos podamos contemplar, como hizo Juan en Apocalípsis 6:9-12: “Una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas estaban delante del trono… y clamaban a gran voz diciendo: la  salvación pertenece a nuestro Dios…La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean de nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén” Mi sueño es estar allí ¿y el tuyo?

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Conexión emocional

Posted by Celia en 9 junio, 2010

    Una de las cosas de las que dispongo ahora es de tiempo para escuchar. No se como, ni porque hablando con una amiga, nuestra conversación fue adquiriendo matices más íntimos. De repente mi amiga empezó a abrir su corazón de una manera que sin darse cuenta llegó a un punto en el que le dio miedo seguir, porque pensó que si me contaba esa parte de su vida mi concepto sobre ella iba a cambiar.

    No hay que pensar mucho para darse cuenta que la necesidad emocional más importante del ser humano es la intimidad. Intimidad es darse a conocer, mostrar a otros quien soy, contarles mi historia. Todos anhelamos intimidad pero tenemos miedo y aunque deseamos abrir nuestro corazón no lo hacemos fácilmente para no ser rechazados, maltratados o lastimados. Hasta el punto, de que muchas veces nos ponemos máscaras para ser aceptados y no desentonar con el resto de los mortales.

    Hay diferentes niveles de intimidad. Con algunas personas nuestra conversación se traduce en un intercambio de ideas, opiniones, sucesos, eventos. Con otras personas, compartimos sueños, emociones, proyectos y las cosas que realmente nos importan.

   Para abrirnos emocionalmente tenemos que sentirnos aceptados. Aceptar no significa compartir sino respetar el derecho de pensar y ver las cosas de otra manera. Aceptación es tener la mente abierta para tratar de entender porqué el otro opina así.

    La intimidad crece con el tiempo, nadie es íntimo de un día para otro. Yo tengo amigas a las que les ha costado años abrirse y dejarme ver las heridas de su pasado. Durante todo ese tiempo han ido probando si podían tener confianza en mi y si el cariño que les tengo es auténtico, genuino y desinteresado. En el proceso de intimar los adolescentes tienen mucho que enseñarnos. Ellos pasan cinco horas hablando por teléfono y les preguntas de que hablaron y te dicen: nada. Los adolescentes tienen tanta intimidad entre si, porque no lo planifican, van de un lado a otro sin pensar. Cuando nos vamos haciendo adultos tenemos más responsabilidades y menos tiempo por eso lo planificamos más. Pero todos en general y en especial las parejas, deberíamos hacer lo mismo, decidir salir juntos a “nada” y así crecer en intimidad.

    A mi me encanta salir a comer, a cenar, a tomar un café o dar un paseo porque eso me proporciona un tiempo libre de distracciones donde puedo dar una atención indivisa y escuchar con todos mis sentidos a la otra persona. Mirarla a los ojos y construir una conexión emocional. A eso se le llama empatía, es una habilidad psíquica para detectar las señales externas que nos hablan más allá de lo que se ve y se escucha, lo que quieren y lo que necesitan los demás. Es escuchar con el corazón, con el alma. Cuando somos capaces de escuchar así, generalmente damos en el clavo, acertamos con lo que queremos y debemos decir. Es decir, la persona piensa que le hemos dicho justo lo que necesitaba escuchar en ese momento, se siente escuchada y comprendida. Podemos decir que hemos conectado y creado una familiaridad que nos anima a seguir abriendo el corazón, compartir sentimientos y perder el miedo a ser vulnerable. Hemos sintonizado con alguien  cuando sentimos afinidad, nos sentimos comprendidos, escuchados y la relación es fluida.

    Por lo general, a parte de Dios, no vamos a encontrar una persona que nos entienda, nos comprenda en todos los aspectos y en todas nuestras facetas. De eso entendemos mucho las mujeres, que por lo general tenemos una variedad de relaciones que puedan llenar nuestras diferentes necesidades.

    La Biblia, en Satiago 4:5 dice que Dios nos anhela celosamente. El desea tener intimidad con nosotros y siempre nos da toda su atención, nos escucha, nos conoce en lo íntimo, nos comprende y tiene una respuesta para nuestros problemas, inquietudes, sueños y proyectos. Además nos capacita para crear vínculos duraderos con otros.

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Formarse o deformarse

Posted by Celia en 2 junio, 2010

        Ayer llamé por teléfono a una amiga que tiene un problema de corazón y después de explicarme como se encontraba me dijo: “Ya sabes, aquí estamos para aprender”

    El ser humano es, ante todo, un ser en proceso de formación “un ser que se hace” “un ser en camino, de paso”, un ser que busca una perfección que todavía no posee. Las vivencias o experiencias que tenemos contribuyen a formar nuestra personalidad.

    Lo que nos acontece de una u otra manera deja un huella que afecta a nuestra forma de ser o comportarnos. Hace tiempo recibí una presentación de power point sobre un huevo, una zanahoria y unos granos de café que al hacerlos pasar por un mismo proceso, agua hirviendo, el resultado en cada uno de ellos era totalmente diferente. El huevo se endureció, la zanahoria se ablandó y los granos de café transformaron el agua. Una buena ilustración para que nos demos cuenta que aunque las circunstancias externas sean las mismas nosotros podemos darles diferentes respuestas. Es nuestra actitud ante lo que nos ocurre, lo que hace que nuestras vivencias nos formen o nos deformen, nos transformen o nos reformen.

    Generalmente aprendemos más y más rápido de las experiencias dolorosas que de las placenteras. A todos, en un momento u otro nos toca sufrir. Tenemos que pasar por situaciones que están fuera de nuestro control y de las que por mucho que hagamos, no vamos a poder escapar. Y si eso es así, la actitud más sabia es: vamos a sacarle el mayor y el mejor provecho posible a lo que nos toca vivir. Como dijo José en Egipto: “Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción” Génesis 41:52. Porque si sabemos aprovechar el sufrimiento vamos a desarrollar recursos insospechados.

    El sufrimiento debe acercarnos a Dios para preguntarle. ¿Adónde me quieres llevar en esta jornada de dolor? ¿qué quieres hacer en mi vida? o muéstrame lo que estás haciendo en mi y a través de mi. Porque yo creo que muchas veces ni nos damos cuenta de la obra que Dios está haciendo en nuestras vidas. No nos damos cuenta que el dolor nos hace más sensibles, más misericordiosos y considerados hacia las debilidades de otros. Nos capacita para consolar y ser un canal de bendición para los que están sufriendo.

    En una ocasión leí, que en todos los seres vivos se produce una maduración que consiste sólo en el desarrollo de las capacidades que ya posee. El hombre, en cambio, está llamado a alcanzar una forma perfecta que no está en su naturaleza sino en Cristo. Por eso la Biblia habla del nacimiento a una nueva vida, que viene de Cristo y que es la vida del Espíritu manifestada en nosotros. De este modo, la persona humana se hace, como dice en 2ª Pedro 1:4 “partícipe de la naturaleza divina”.  Dios tiene una perspectiva eterna de nuestras vidas  por eso permite todas las cosas adversas que nos suceden cada día y que son,  las herramientas que El utiliza para liberarnos, sanarnos, despertarnos y purificarnos. Con el fin de que Cristo sea formado en nosotros. Gálatas 4:19

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