Conociendo al Verbo de Dios

Id y haced discípulos – El Blog de Celia Casalengua

Formarse o deformarse

Posted by Celia en 2 junio, 2010

        Ayer llamé por teléfono a una amiga que tiene un problema de corazón y después de explicarme como se encontraba me dijo: “Ya sabes, aquí estamos para aprender”

    El ser humano es, ante todo, un ser en proceso de formación “un ser que se hace” “un ser en camino, de paso”, un ser que busca una perfección que todavía no posee. Las vivencias o experiencias que tenemos contribuyen a formar nuestra personalidad.

    Lo que nos acontece de una u otra manera deja un huella que afecta a nuestra forma de ser o comportarnos. Hace tiempo recibí una presentación de power point sobre un huevo, una zanahoria y unos granos de café que al hacerlos pasar por un mismo proceso, agua hirviendo, el resultado en cada uno de ellos era totalmente diferente. El huevo se endureció, la zanahoria se ablandó y los granos de café transformaron el agua. Una buena ilustración para que nos demos cuenta que aunque las circunstancias externas sean las mismas nosotros podemos darles diferentes respuestas. Es nuestra actitud ante lo que nos ocurre, lo que hace que nuestras vivencias nos formen o nos deformen, nos transformen o nos reformen.

    Generalmente aprendemos más y más rápido de las experiencias dolorosas que de las placenteras. A todos, en un momento u otro nos toca sufrir. Tenemos que pasar por situaciones que están fuera de nuestro control y de las que por mucho que hagamos, no vamos a poder escapar. Y si eso es así, la actitud más sabia es: vamos a sacarle el mayor y el mejor provecho posible a lo que nos toca vivir. Como dijo José en Egipto: “Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción” Génesis 41:52. Porque si sabemos aprovechar el sufrimiento vamos a desarrollar recursos insospechados.

    El sufrimiento debe acercarnos a Dios para preguntarle. ¿Adónde me quieres llevar en esta jornada de dolor? ¿qué quieres hacer en mi vida? o muéstrame lo que estás haciendo en mi y a través de mi. Porque yo creo que muchas veces ni nos damos cuenta de la obra que Dios está haciendo en nuestras vidas. No nos damos cuenta que el dolor nos hace más sensibles, más misericordiosos y considerados hacia las debilidades de otros. Nos capacita para consolar y ser un canal de bendición para los que están sufriendo.

    En una ocasión leí, que en todos los seres vivos se produce una maduración que consiste sólo en el desarrollo de las capacidades que ya posee. El hombre, en cambio, está llamado a alcanzar una forma perfecta que no está en su naturaleza sino en Cristo. Por eso la Biblia habla del nacimiento a una nueva vida, que viene de Cristo y que es la vida del Espíritu manifestada en nosotros. De este modo, la persona humana se hace, como dice en 2ª Pedro 1:4 “partícipe de la naturaleza divina”.  Dios tiene una perspectiva eterna de nuestras vidas  por eso permite todas las cosas adversas que nos suceden cada día y que son,  las herramientas que El utiliza para liberarnos, sanarnos, despertarnos y purificarnos. Con el fin de que Cristo sea formado en nosotros. Gálatas 4:19

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