Conociendo al Verbo de Dios

Id y haced discípulos – El Blog de Celia Casalengua

Archive for 29 septiembre 2010

Mantener vivo el fuego

Posted by Celia en 29 septiembre, 2010

                                                                                                                                                                                                                                                           En las frescas mañanas de otoño en mi corazón hay fuego, pasión, amor; ingredientes necesarios para vivir ilusionados.

    Es imprescindible no dejar que el fuego se apague. En Levítico 6:12, dice: “Y el fuego encendido sobre el altar no se apagará, sino que el sacerdote pondrá en él leña cada mañana, y acomodara el holocausto sobre él, y quemará sobre él las grosuras de los sacrificios de paz. El fuego arderá continuamente en el altar, no se apagará”

    El fuego simboliza pasión, amor, sacrificio, etc. Por eso cuando alguien pierde el fuego en su corazón por Dios, deja de tener una relación íntima con El; “Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor” Apocalípsis 2:4. En la Biblia se usa la figura del esposo y la esposa para describir la relación de Cristo y su iglesia. Y al igual que en una relación de pareja, el fuego del amor por Dios puede apagarse si no lo atendemos. En Cantares 8:6,7 nos describe un amor fuerte que puede aguantar grandes ataques y pruebas sin apagarse. Pero, lo cierto es que muchas veces somos nosotros los que dejamos que el fuego se muera. ¿Por qué lo hacemos?

1. PORQUE NO LLEVAMOS LEÑA AL FUEGO

    Dios pone el fuego, nosotros la leña y lo que será quemado. Cuando una pareja falla, suele ser porque dejaron los pequeños detalles, caricias, besos, elogios, gestos, regalos, notas de amor, etc. Igualmente sucede en nuestra relación con Dios, poco a poco dejamos la oración, el ser agradecidos, …y como dice en Cantares 2:15 “Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas; porque nuestras viñas están en ciernes” Las zorras pequeñas son los pecados que no damos importancia, malos hábitos… No son grandes pecados, ni faltas abominables, pero son los más peligrosos porque arruinan el fruto cuando está en ciernes.

2. PORQUE NO HAY MÁS SACRIFICIOS PARA QUEMAR

    Parece que la palabra sacrificio ya no está de moda pero lo que está claro es que cuando en una pareja uno de los miembros pone en primer lugar sus necesidades por encima de las de su amado; no está dispuesto a renunciar o privarse de nada en favor del otro y solo piensa en si mismo, eso significa que ya no hay material para el sacrificio y el fuego del amor se va apagando poco a poco.

     Es cierto que en el Antigüo Testamento se sacrificaban animales y se quemaban junto con su grosura, pero hoy día ya no es necesario hacer esos sacrificios porque Jesucristo se sacrificó a nuestro favor de una vez y para siempre Hebreos 9:26. Pero todavía hoy, hay sacrificios que agradan a Dios y alimentan la llama de nuestro amor por El. Y esos son nuestro cuerpo Romanos 12:1,2; nuestras ofrendas Filipenses 4:15-19; la alabanza de nuestros labios que confiesan su nombre Hebreos 13:15 y hacer el bien y la ayuda mutua Hebreos 13:16.

3. PORQUE NO DEJAMOS CORRER EL AIRE QUE AVIVA EL FUEGO

    Un fuego sin aire se apaga. Es necesario tener un espacio personal en nuestras relaciones para que corra ese viento fresco, realizando actividades al margen de la pareja, porque eso, lejos de separarnos nos une. Pero a su vez se debe formar un mundo compartido. Uno de los símbolos de Espíritu Santo es fuego. Pero PNEUMA en el griego se traduce a veces como viento, aliento y a veces como Espíritu. El Espíritu debe tener un espacio para moverse en nosotros pero a su vez crear uno común que tiene que ver con el aspecto espiritual en el matrimonio o relación de pareja. Porque la unión no es solo física sino también de almas. Por eso, leer la Biblia juntos, orar, compartir nuestras bendiciones y luchas es como el aire para que nuestro amor no se apague.

    Pero por encima de todas las cosas debemos amar a Dios. Por eso debemos cuidar que el fuego de su presencia no se apague y prenda en nosotros el fuego del amor por los demás.

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Preocupaciones insignificantes

Posted by Celia en 17 septiembre, 2010

    Hace dos semanas me quedé sin linea de teléfono de un día para otro. Pensé que era por darme de baja del alquiler del aparato de telefónica pero fui a comprar un inalámbrico, lo instalé y seguía sin poder hacer ni recibir llamadas. Llamé por el móvil a mi compañía telefónica y después de hacer las averiguaciones pertinentes, descubrimos que el problema estaba en el router que se había estropeado a causa de la tormenta. Esto ocurrió el viernes  por la mañana y me dijeron que en 24 o 48 horas tendría un router nuevo en mi domicilio. Pasó el fin de semana, el lunes, el martes… Al final el jueves y después de insistir repetidamente tuve que acercarme personalmente a la empresa de mensajería a recoger el router e instalarlo. 

    Toda esta situación me hizo tener una preocupación casi obsesiva ya que no me la podía quitar de la cabeza. Le contaba a todo el mundo lo que me estaba pasando, parecía que era mi único tema de conversación. Hasta que llegué a un punto en el que me di cuenta que no estaba enfrentando bien la situación.

    La preocupación nos produce ansiedad. La palabra anglosajona para “preocupación” significa “asfixia” igual que cuando nos tratan de estrangular. Me di cuenta de que un problema tan insignificante como ese me había quitado la paz y que yo había quitado los ojos del Señor y los había puesto en el problema. A veces sin darnos cuenta exageramos y agrandamos lo que nos está pasando. Por eso, en ese proceso es bueno pensar en cuales serían las consecuencias en el peor de los casos y hacer todo lo que esté de nuestra mano para que eso no suceda buscando diferentes soluciones. Pero también, como dice en 1ª Pedro 1:13; “Por lo tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado”. El texto dice que debemos ceñir los lomos de nuestro entendimiento, eso quiere decir que debemos amoldar, ajustar nuestros pensamientos a la situación que estamos viviendo y esperar por completo en la gracia. Ante situaciones que nos vemos impotentes y nos desesperan porque no tenemos control sobre ellas debemos darnos cuenta que de nada sirve nuestro afán y nuestra preocupación Salmo 127.1-2  la mejor solución es dejarlas totalmente en las manos de Dios. Confiar que El está al control y que nuestras circunstancias no son fruto del azar sino del propósito soberano de Dios para moldear nuestras vidas. Si la preocupación persiste, como dice en 2ª Corintios 10:5 debemos llevar los pensamientos que nos esclavizan a la obediencia a Cristo tantas veces como sea necesario, pidiendo a Dios en oración esa paz que solo El puede darnos.

    Me ayudó mucho desahogarme con un amigo al que le dije que pensaba que Dios quería sentarme de nuevo en el banco de la paciencia. Entendí que no estaba alimentando mi mente como dice en Filipenses 4:8, buscando lo positivo y lo bueno de ese problema y aunque había orado no le había dado las gracias a Dios por lo que me estaba pasando Filipenses 4:6-7. Por eso debía renovar mi entendimiento para descubrir cual era la voluntad de Dios Romanos 12:2. No hay problema que Dios no pueda solucionar por eso debemos aprender a esperar en El porque en sus manos están nuestros tiempos Salmo 31:14,15.

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Pensamientos sobre dietas

Posted by Celia en 5 septiembre, 2010

    Después de tres meses de reposo absoluto y comiendo bien, un pequeño flotador se ha formado alrededor de mi barriguita. Lo que suele ocurrir a esta edad es que es muy fácil coger unos kilítos de más y muy difícil perderlos. Cuando era jovencita podía comer todo lo que quería y no engordaba, pero con los años el metabolismo se relentiza y ya es otra cosa. Nunca he hecho una dieta para adelgazar y ahora me parece que soy incapaz de hacerla. Cuando paso unos días comiendo frutas y verduras  pierdo un kilo y medio. Pero si vuelvo a comer normal o me paso un poquito lo recupero de nuevo y eso me desanima.

    A todos nos gustaría adelgazar sin dejar de comer aquello que nos gusta pero hay ciertas comidas que nos aportan muchas calorías y el secreto de perder peso está en no ingerir más calorías de las que consumimos porque sino el cuerpo las almacena en forma de grasa para uso futuro. Otra opción que tenemos es aumentar el gasto de energía haciendo ejercicio. Debido a mi lesión de clavícula llevo seis meses sin practicar natación, mi deporte favorito, pero creo que no es una excusa para hacer ejercicio porque aunque todavía no puedo nadar, si puedo caminar o subir y bajar escaleras. Esto requiere esfuerzo, disciplina y constancia, cosa a la que nuestro cuerpo y nuestra mente se resiste.

    Disciplina es una palabra que viene del latín y significa originalmente “instrucción dada a un discípulo” y un discípulo es uno que “aprende” cosa que requiere un esfuerzo. Pensando en la dieta, creo que debería aprender a alimentarme no solo físicamente sino también espiritualmente. Algo que todos los dietistas recomiendan es eliminar la comida basura: dulces, repostería industrial, hamburguesas, fritos… También debemos examinar como estamos alimentando nuestra alma, nuestro espíritu: que programas estamos viendo, que literatura leemos, que conversaciones tenemos, etc.

    Disciplina es sinónimo de orden, y nos recomiendan comer cinco veces al día (desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena) porque eso aunque nos parezca paradójico nos ayuda a comer menos. Pensando en este punto me ha hecho gracia recordar que los musulmanes deben orar cinco veces al día y creo que no nos vendría mal cultivar el hábito de la oración para desechar todo aquello que nos pesa en la vida y dejarlo en manos de nuestro gran Dios.

    Es necesario hidratar el cuerpo y dicen que necesitamos beber como mínimo dos litros de agua al día. También nos dice Cristo en Juan 7:37 que; “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” Saciar la sed del alma debe ser un hábito, un hecho continuo “beba” es un presente continuo al igual que nuestra sed que no se sacia de una vez y para siempre.

    Todos tenemos una tendencia “natural” al mínimo esfuerzo, a obtener las cosas sin sacrificios, pero el esfuerzo en si mismo aunque resulte doloroso o duro, puede ser placentero cuando se obtiene el fin propuesto. De hecho, solemos valorar más lo que nos cuesta trabajo que aquello que nos es dado sin esfuerzo alguno. Ser constante es ser perseverante y es un hábito necesario para lograr una buena disciplina. No sirve hacer dieta estricta un día y saltársela dos. Por eso pienso que mejor que estar a dieta es seguir una dieta saludable cambiando algunos hábitos de comida que nos hacen subir de peso. Pienso que si como más frutas y verduras, reduzco un poco las grasas, bebo más agua y hago ejercicio dos o tres veces por semana voy a mantenerme en mi peso ideal. 

    Dicen que somos lo que comemos y digo yo, que más bien somos lo que nos alimentamos, por dentro y por fuera, físicamente y espiritualmente.  Porque es realmente importante nuestra salud y nuestra belleza por dentro y por fuera debemos realizar el esfuerzo necesario para conseguirlo. “Sobre toda cosa guardada guarda tu corazón; porque de él mana la vida” Provebios 4:23. Un corazón sano, saludable, libre de resentimiento, de ira, de orgullo, etc y lleno del fruto de Espíritu, amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza, nos va a permitir disfrutar de una vida plena y con sentido. Por eso y por encima de todo se que debo revisar cada día como estoy alimentando mi alma.

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