Conociendo al Verbo de Dios

Id y haced discípulos – El Blog de Celia Casalengua

Sinfonia de otoño

Posted by Celia en 18 noviembre, 2013

IMG_6421   Me encanta el otoño.
Pero no siempre me ha gustado el otoño, ya  que es la estación más propicia para la melancolía. En este tiempo, una tristeza vaga e indefinida me invade el ánimo, me hace mirar en mi interior y hacerme preguntas , y me predispone a  reflexionar sobre el sentido de mi vida y mi relación con Dios.

El otoño, es un regalo para nuestros sentidos. El paisaje se tiñe de rojo, amarillo, marrón, ocre y verde, una explosión de colores. Las hojas empiezan a caer revoloteando, formando una alfombra en el suelo. Los árboles caducos nos recuerdan que la vida es un discurrir cíclico, en la que hay momentos llenos de energía, vitalidad, felicidad y hay momentos para la tristeza, el descanso y la quietud. Como dijo el sabio rey Salomón: “En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera” Eclesiastés 7:14

Estoy viviendo un otoño, un tiempo de sequedad espiritual, apatía y sintiendo la necesidad de intimidad con Dios. Un tiempo difícil; pero a la vez una oportunidad para reflexionar y encontrar en Dios la respuesta a mis preguntas. Es tiempo de considerar las dificultades como una oportunidad para crecer, para madurar, para descubrir nuevos horizontes, para abrir mi mente, para ver lo que antes no veía. No sé lo que me depara el futuro, pero confío en el Señor y sé que: “En sus manos están mis tiempos” Salmo 31:15. Y viene a mi mente, al igual que cuando Él me llamó a dedicar todo mi tiempo a su servicio, el Salmo 32:8 “Te haré entender, y te IMG_6462enseñaré el camino que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos”. “En Dios solamente está acallada mi alma; de él viene mi salvación” Salmo 62:1

Pero quiero contemplar la belleza del otoño, admirar sus bonitos paisajes, la sinfonía de colores que ofrecen las hojas, hojas muertas bailando al compás del viento. Observar agradecida la metamorfosis que está teniendo lugar, tanto dentro como fuera de mí. Es un despojarse para posteriormente revestirse, “el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno” Colosense 3:9  Con el fin de ser revestida de Cristo, para poder soportar así el gélido invierno que se avecina.

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