Conociendo al Verbo de Dios

Id y haced discípulos – El Blog de Celia Casalengua

Unas pinceladas sobre restauración

Posted by Celia en 16 octubre, 2012

    Me encantan las antigüedades, especialmente los muebles. Muchos de ellos son verdaderas obras de arte que encierran creatividad, ingenio e incluso creo que si pudieran hablar nos contarían muchas historias. Hace poco, disfruté mucho en la casa que tienen en el pueblo unos amigos, llena de antigüedades. Aquello parecía un museo.

Años atrás restauré un reclinatorio que mi madre tenía en el desván. La verdad es que fue un proceso laborioso. En primer lugar tuve que echar en cada agujerito un líquido para matar la carcoma, después tuve que lijar todo el reclinatorio, echarle tapaporos y por último darle tinte y un barniz incoloro. Finalmente con la ayuda de un amigo le cambié la tapicería. Ahora parece que no han pasado los años por él. Eso es restaurar, reparar, recuperar, recobrar, volver a poner algo en el estado que antes tenía. Restauramos cosas de valor, que se han deteriorado con el tiempo o con el  uso.

Aunque vivimos en un mundo cambiante, donde es más fácil cambiar algo que restaurarlo, no debe ser así con las personas y en nuestra forma de relacionarnos. Mantener y desarrollar una relación no es sencillo; antes o después, surgen conflictos que si no sabemos manejarlos, acaban deteriorando nuestras relaciones.

“Más se cierra el hermano ofendido que una ciudad amurallada. Los pleitos separan como las rejas de un palacio” (Proverbios 18:19). Reparar una relación rota es difícil, pero no imposible. Supone estar dispuesto a perdonar e invertir todo el tiempo que sea necesario para reconstruir y ganar de nuevo la confianza. Se puede perdonar en el momento, pero la confianza se reconstruye con el tiempo. Es importante tener en cuenta que no siempre el perdón implica reconciliación. Necesitamos perdonar para liberarnos del resentimiento, el rencor y la amargura. Pero muchas veces la reconciliación no es posible, porque eso es cosa de dos y a veces no se dan las circunstancias.

Para cultivar relaciones sanas con los demás, debemos practicar la disciplina de la flexibilidad. Es como los edificios que cuando ocurren temblores o terremotos, los soportan mejor al ser más flexibles. Si se construyen con materiales rígidos, en vez de deformarse elásticamente, se fracturan. Es una buena analogía para nuestras relaciones. Si somos demasiado rígidos, corremos el peligro de rompemos por dentro; si no somos capaces de adaptarnos a las situaciones de crisis, nuestras relaciones acabaran rompiéndose. Debemos ser lo suficientemente flexibles para aceptar a nuestros amigos y a nuestra familia, con su propios cambios.

Todos nosotros hemos sido dañados por el pecado, pero no todos permiten que Dios intervenga en sus vidas para poner en marcha el doloroso proceso de restauración. Esto requiere nuestro consentimiento y nuestra participación. Muchas veces cuando un artesano restaura un mueble tiene que desmontarlo para reconstruirlo. Es un proceso doloroso cuando se trata de seres humanos, porque implica tomar conciencia del daño que nos han hecho y perdonar. Es un proceso difícil pero con buenos frutos, porque nos hace más humildes, menos propensos a criticar y juzgar a los demás, más comprensivos y compasivos.

Por supuesto, la restauración del alma solo es posible para aquellos que siendo conscientes de su pecado se han arrepentido, han sido perdonados por la fe en Cristo, siendo así redimidos. Jesús prometió descanso a todos los que venga a El, Mateo 11:28-30. Al recibir a Cristo y su Espíritu empieza en nosotros el proceso de restauración de nuestras vidas en el sentido físico, espiritual, moral, intelectual, sentimental, etc. Esto puede durar toda una vida dependiendo del daño que hayamos sufrido. Como cristianos, debemos avanzar cada día en las áreas de nuestra vida que están deterioradas por el pecado, llevando todo pensamiento cautivo a la obediencia a Cristo 2ª Corintios 10:5; por el poder del Espíritu Santo. Debemos recordar que el sufrimiento es uno de los medios que Dios usa para conformarnos a la imagen de su Hijo Jesucristo, es lo que nos purifica y nos refina como el oro y la plata 1ª Pedro 1:6-8.

El sufrimiento nos refina o nos amarga. Las personas que buscan su sanidad, su bálsamo en Dios y aceptan lo que Dios está haciendo y responden en obediencia a Su Palabra van a ser restauradas. Pero aquellas que no lo hacen y se niegan a abandonar las impurezas de la amargura, odio, enojo venganza y otras cosas que las heridas pueden acarrear, seguiran en el proceso de deterioro. Para ser restaurados tenemos que tomar una decisión: acudir a Dios nuestro gran sanador y restaurador que nos conformará a la imagen de Cristo.

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Nuestra fuerza nos desequilibra

Posted by Celia en 27 agosto, 2012

    Durante las Olimpiadas estuve viendo por “casualidad” la competición de Judo. Digo por casualidad porque no suelo ver este tipo de deporte. Me llamó poderosamente la atención cuando el comentarísta dijo que el Judo consiste en aprovechar la fuerza del contrario para debilitarlo.

Precisamente es lo que muchas veces hace Satanás en nuestras vidas, nos insta a hacer las cosas en nuestras fuerzas y eso nos debilita. Porque cuando nos mostramos demasiado fuertes no dejamos obrar a Dios en nosotros. Dios siempre obra a través de nuestra debilidad, nuestra necesidad, nuestro problema.

Todos los seres humanos tenemos debilidades, problemas y necesidades que muchas veces nos hacen sentir frustrados, torpes e impotentes. ¿Pero, tan malas son nuestras debilidades?

“Cuando soy débil, entonces soy fuerte” 2ª Corintios 12:10

Generalmente nos cuesta reconocer nuestras debilidades y acabamos negándolas, las defendemos, las excusamos, las ocultamos y las sufrimos. Pensamos que vamos a ser valorados y vamos a dar gloria a Dios solo cuándo mostramos nuestras fortalezas pero El también quiere usar nuestras debilidades para su gloria. Nuestras debilidades no son un accidente. Dios deliberadamente las permite en nuestra vida con el propósito de demostrar su poder a través de nosotros. “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros” 2ª Corintios 4:7

Cuando perdemos el contacto con nuestra debilidad nuestro corazón se llena de orgullo, pensamos que somos mejores que otros, nos creemos autosuficientes. La Biblia dice que Dios mira al altivo de lejos; así que nuestras debilidades son útiles para reconocer que somos polvo, que sin Dios nos somos nada; sirven para mantenernos humildes y cerca de Dios.

Cuántas veces nos hemos encontrado en situaciones que se escapaban de nuestro control, en las que nos sentiamos impotentes a pesar de nuestras capacidades, nuestros conocimientos,  o de nuestro dinero; incluso teniendo a nuestro lado personas dispuestas a hacer todo lo que fuera necesario por nosotros,  aún así, nada podíamos hacer para remediarlo. Dios nos tiene que llevar a ese punto en que dependamos totalmente de El y nos demos cuenta de que solo El nos puede ayudar. En la debilidad podemos sentirnos más fuertes si dejamos de hacer las cosas en nuestras fuerzas, para que el poder de Cristo actue por la fe. Es en medio de situaciones imposibles para nosotros que la gloria de Dios se manifiesta.

Eso me ha ayudado a darme cuenta que no tengo que tener todo bajo control y que debo ser honesta conmigo misma, reconociendo y admitiendo mis debilidades, mis miedos, mis luchas, mis pecados y entregandoselos a Dios en oración. Cuando me rindo delante de Dios y dejo que El actúe a través de mi, es cuando obra en medio de mi debilidad y puedo ver Su poder actuar.

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Disfruta la vida tal como es hoy

Posted by Celia en 10 julio, 2012

    Planchando una camisa que se acaba de comprar mi marido, me dí cuenta que abajo ponía: “ENJOY LIFE AS IT IS TODAY” es decir, “DISFRUTA LA VIDA TAL COMO ES HOY” y entonces empecé a perguntarme: ¿Es lo mismo disfrutar de la vida que ser feliz? ¿Lo uno contribuye a lo otro? ¿Qué es disfrutar? ¿Vivir el momento con intensidad, saborear la vida…?
Según el diccionario es: Deleitarse, gozar, sentir satisfacción.

Muchos tenemos que aprender a disfrutar de la vida como es hoy. Quizás debamos cantar cada mañana como Serrat: “Hoy puede ser un gran día…” Porque muchas veces lo que hace la diferencia, no es tanto lo que ocurre, sino nuestra actitud ante lo que ocurre. Nuestras actitudes se forman con nuestros pensamientos. Por eso es fundamental examinar nuestros pensamientos y lejos de ser personas que les gusta hacer hincapié en lo malo y las cosas negativas que ocurren en el mundo o en nuestra vida, debemos renovar nuestro entendimiento y pensar como dice Pablo en Filipenses 4:8: “Por lo demás hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre, si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”

Dejemos de esperar el “gran acontecimiento” y gocemos de los “pequeños acontecimientos” que día a día, se abren a nuestro paso. Después de todo, las cosas grandes son el resultado de dar pasos pequeños. Tendemos a no valorar las cosas cotidianas que se nos presentan, y sólo les damos importancia cuando sentimos su ausencia. Quizás por cotidiano, jamás celebramos la salida del sol, el abrazo de un hijo, el beso de un esposo, las palabras de ánimo de un amigo… Maldecimos la lluvia cuando nos obliga a cargar con el paraguas, nos moja los zapatos y nos impide disfrutar de un día de campo, solo nos damos cuenta de lo necesaria que es cuando llega la sequía y  los campos no producen los alimentos que necesitamos y como consecuencia se disparan los precios en los mercados.
¿Podemos disfrutar plenamente cuando se nos presenta algo diferente a lo esperado? Para ser felices de verdad, no debemos tener adicción al bienestar, a que las cosas siempre sean como nosotros deseamos. La felicidad profunda y duradera comprende que a veces nos tocará afrontar situaciones incómodas o no deseadas, porque forman parte de la vida humana; y cuando llegan, debemos utilizarlas para madurar, para crecer en la vida. Aprender a aceptar, no es resignarnos, con una sensación de impotencia, de victimísmo, sino ver las cosas como son; realizar los cambios que se puedan realizar para mejorar las condiciones y mirar el lado positivo de la situación que nos toca vivir aunque en ese momento no es lo que más nos gusta.

A veces llevados por la vorágine de la vida, llenos de insatisfacción, en la búsqueda de nuevas oportunidades, no nos damos cuenta del valor de las personas, de los pequeños detalles que forjan las grandes relaciones, de los momentos irrepetibles que pasan delante de nosotros.  Nos olvidamos de saborear un café, una buena comida y como no, de una buena conversación con un amigo, del silencio, de un paseo junto al río, de soñar con una canción, de una sonrisa, de leer un libro…Dejamos pasar delante de nosotros lo realmente importante por lo urgente, nos olvidamos de amar por poseer, nos olvidamos de que no somos seres independientes sino interdependientes y que buscar el bien general contribuye al bien propio.  Pienso que para valorar lo que tenemos, lo que vivimos día a día, es necesario cultivar un corazón agradecido: “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” 1ª Tesalonicenses 5:18. Seguro que si hacemos un repaso a lo que nos ha ocurrido o nos ha dejado de ocurrir tenemos muchas cosas por las que darle gracias a Dios porque “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” Santiago 1:17. Dios es Soberano y todo lo usa para el bien de los que le aman Romanos 8:28.

Es hora de darnos cuenta y de aprender a valorar hoy todo lo que tenemos y nos toca vivir. De nada sirve llorar por lo que dejamos ir, por lo que hicimos o dejamos de hacer, por lo que no dimos importancia y ya no está. El sabio Salomón dijo en Eclesiastés 11:9 a 12:1 “Alégrate, joven en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia; y anda en los caminos de tu corazón y en la vista de tus ojos; pero sabe, que sobre todas estas cosas te juzgará Dios. Quita, pues, de tu corazón el enojo, y aparta de tu carne el mal; porque la adolescencia y la juventud son vanidad. Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento”.  Para disfrutar la vida tal como es hoy, no debemos olvidarnos de nuestra relación con Dios. Porque Dios es el que da sentido y propósito a todo lo que nos ocurre y solamente el que cree y le recibe en su corazón como Señor y Salvador puede experimentar en su interior “ríos de agua viva”, el gozo que da el Espíritu, sea cual sea la situación que nos toque vivir.

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Estamos de paso

Posted by Celia en 14 junio, 2012

    Vivo junto al Camino de Santiago y cada día veo pasar personas caminando, cargadas con sus mochilas que me hacen recordar que en esta vida estamos de paso.

Si miramos hacia atrás y pensamos en lo que hemos vivido, nos damos cuenta, que todo ha pasado rápido. “Porque ¿qué es nuestra vida? Ciertamente es neblina que se aperece por un poco de tiempo, y luego se desvanece” Santiago 4:14. Esta realidad, nos recuerda que somos humanos, y que la muerte está siempre a nuestro lado, que en cualquier momento puede alcanzarnos. La vida es corta y hay que saborearla profundamente.

¿A qué sabe tu vida? ¿Vives un momento dulce o amargo? El gran sabio Salomón dijo en su libro de Eclesiastés : “En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él”. Ecle. 7:14

Una vecina de mi madre tiene cancer y le hablé de la importancia de  la fe en estos momentos difíciles, a lo que ella contestó: que la poca fe que tenía la había perdido porque no se merecía esto. Sin embargo la Biblia dice que  estas cosas nos pueden acontecer a todos, independientemente de que seamos buenos o malos, Eclesiastes 9:2. La enfermedad es el resultado de vivir en un mundo caído; no es cuestión de merecerla o no.
Aunque en realidad, lo que todos y cada uno de nosotros merecemos es ir al infierno por nuestro pecado. Pero Dios, que es rico en misericordia, envió a su Hijo Jesucristo para pagar en la cruz el castigo de nuestro pecado. Cuando creemos que ese sacrificio es el único remedio a nuestro pecado, nos arrepentirnos y recibimos a Cristo en nuestro corazón, no solo obtenemos la vida eterna, sino que también descubrimos que tanto los días del bien como los día de la adversidad, tienen sentido e incluso podemos gozarnos tanto en los unos como en los otros.

    Muchos agobiados por sus sufrimientos, experiencias negativas y frustraciones, no esperan ya nada “de la vida” y han abandonado la busqueda de Aquel que verdaderamente los hará felices. No creen en Dios ni esperan en El. Procuran “pasarlo bien” y “disfrutar del momento” mientras que puedan y como puedan, pero en realidad lo que experimentan es el sinsabor de vivir una vida alejada de Dios.

Esta vida es la única que tenemos aquí en la tierra, “bajo el sol” como dice Salomón en su libro de Eclesiastés. El tiempo no espera a nadie, mientras estemos vivos tenemos esperanza de reencontrarnos con nuestro Creador, Eclesiastés 9:4 y recibir el regalo maravilloso de su amor, verdadera fuente de paz y seguridad independientemente de las circunstancias que nos toquen vivir.

“¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?
Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni angeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo povenir, ni lo alto, ni lo profundo, ni niguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” Romanos 8: 35-39

A los que aman a Dios todas las cosas le ayudan para bien, ¡Qué promesa tan maravillosa! Podemos atesorar cada momento de nuestra vida como un regalo de Dios, como una oportunidad única de darle gloria a El.
Dios permite la prueba en nuestra vida, nos sostiene en medio de ella y nos da la victoria. Pero, para que eso sea así, debemos cultivar una relación íntima  y cercana con Dios cada día,  porque en esta vida estamos de paso y vamos a Su encuentro.

 

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¿Por qué permite Dios esta sequía?

Posted by Celia en 27 marzo, 2012

     Hay personas que viven ajenos a lo que está ocurriendo a nivel económico, la crísis que estamos viviendo, porque a ellos no les falta el trabajo. Otros viven ajenos a la falta de lluvia y están felices porque pueden disfrutar de “buen tiempo”.

A mi me preocupa tanto lo uno como lo otro. En realidad, creo que me inquieta más la sequía porque eso repercute a todos los niveles. La ausencia de lluvia está arrasando las cosechas, tanto de secano como de regadío. Se calcula que las perdidas superan ya, los cien millones de euros. Aumentan los incendios forestales; los embalses están bajando de nivel de manera considerable y quien sabe si este verano no tendremos restriciones de agua. La escasez de lluvía ha imposibilitado la limpieza del aire, y como consecuencia tenemos alta contaminación atmosférica y eso provoca irritación de las vías respiratorias, problemas de asma, broquítis, irritación de los ojos y se disparan los casos de alergias, también repercute en diversas enfermedades vasculares y cardiacas. ¿No es para preocuparse?

    ¿Por qué permite Dios esta sequía? ¿Quiere acaso decirnos algo?. Si leemos el libro de Jeremías vemos que Dios tenía un mensaje para su pueblo con motivo de la sequía, leer Jeremías 14:1 al 15:21. El hombre se cree autosuficiente, no necesita a Dios para nada, pero el único recurso seguro del hombre es Dios.

“Hay entre los ídolos de las naciones quien haga llover? ¿darán los cielos lluvias? ¿No eres tú, Señor, nuestro Dios? En tí, pues, esperamos, pues tu hiciste todas estas cosas? Jeremías 14:22. Los cielos no pueden producir lluvia aparte de Dios. Si olvidamos a Dios, no hay ninguna ayuda para nosotros.

En Jeremías 2:13 dice: “Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cabaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua”

“Y no dijeron en su corazón: Temamos ahora a Jehová Dios nuestro, que da lluvia temprana y tardía en su tiempo, y nos guarda los tiempos establecidos de la siega. Vuestras iniquidades han estorbado estas cosas, y vuestros pecados apartaron de vosotros el bien” Jeremías 5:24-25

Quizás ha llegado el tiempo de examinarnos, de ver como estamos viviendo nuestras vidas o donde estamos poniendo nuestro corazón. Es posible que aparentemente estemos viviendo vidas piadosas pero nuestro corazón este lejos de Dios; “…con sus labios me honran, pero su corazón está lejos de mi” dice Isaías 29:13. Todo esto me hace reflexionar y preguntarme si no seremos víctimas de la apatía, si nuestras oraciones no han perdido fervor y no dejan de ser rutinarias; si nos estaremos dejando llevar por la inercia, lo politicamente correcto y estaremos viviendo en la mediocridad espiritual. ¿Nos estamos dejando influir más por el mundo que por el Espíritu Santo?  ¿Nos falta pasión por Cristo y nos hemos olvidado de el compromiso y las implicaciones de nuestra fe?

Creo que la mayor necesidad de nuestra alma es de sed de Dios; “Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo” Salmo 42:2, no de religión sino de Dios. De buscar a Dios y buscarle de todo corazón y entonces correran de nuestro interior rios de agua viva. Juan 7:38. Y quien sabe si también Dios derramará su lluvia sobre nosotros.

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Lo que generan las expectativas

Posted by Celia en 2 febrero, 2012

    No se si en alguna ocasión has defraudado a alguien, si todavía no lo has hecho, no te preocupes, tarde o temprano lo harás.

Hace unos meses defraudé a una buena amiga y hasta hace unos días no me he enterado. Esto me ha hecho pensar en las EXPECTATIVAS.

En toda relación humana, desde la más ocasional a la más profunda, cada una de las partes espera que la otra se comporte de determinada manera y a esto es lo que se llama expectativas. El problema es que las expectativas frustradas pueden dar lugar al resentimiento. Cuando damos por sentado y creemos justo y lógico que el otro se comporte de determinada manera en algo que es muy importante para nosotros, y esto no sucede así, nos sentimos injustamente tratados, ofendidos, dolidos y frustrados. Eso, puede desembocar en resentimiento.

Cuando una persona está resentida con otra desea vengarse. Cuando le pregunté a mi amiga que le pasaba, me dejó entreveer lo que estaba pasando, me quede totalmente desconcertada. Porque yo era totalmente ajena a sus pensamientos y su sufrimiento. A veces pretendemos que la otra persona se de cuenta de nuestro resentimiento sin decirselo directamente, que nos pida disculpas y que, de alguna manera, nos diga que también duele que nos quite su aprecio.

Las expectativas se forman en base al conocimiento que tenemos de la otra persona, de ahí deducimos como se comportará en el futuro. Es inevitable tener expectativas en nuestras relaciones, pero debemos procurar que sean lo más realistas posibles. Algo que debemos tener siempre en cuenta es que nadie puede leer nuestros pensamientos. Por eso, si algo es muy importante para nosotros lo mejor es comunicarlo.

Tomando café, mi amiga me contó un problema muy importante que estaba viviendo y yo le dije que no sabía que decirle. Ella me dijo que no tenía que decirle nada, solo orar por ella. Y eso es lo que hice. Pero, ella esperaba que la llamara a menudo para preguntarle como iba, cosa que no se me ocurrió por dos razones: una, porque era un tema muy delicado por el que no me atrevía a preguntar y otra porque mi mente estaba centrada en mi futuro inmediato.

En esto he aprendido que cuando pasa algo así, nuestra responsabilidad es perdonar, no disculpar; si es posible, aclarar las cosas y ser flexibles con las circunstancias y preocupaciones del otro. Seguramente tendrá sus razones para no actuar como nosotros esperabamos.

Cuando nos vinculamos con una persona, nuestro afecto no debería depender de lo que hace o deja de hacer, sino que debemos dotarlo de cierta incondicionalidad, porque entendemos que es un ser humano que en un momento u otro va a fallar, no va a cumplir todas mis expectativas, porque no puede hacerlo. Ni las personas, ni Dios están para cumplir todas nuestras expectativas. Dios va a cumplir todas sus promesas, pero no todos nuestros deseos, ni lo va a hacer a nuestra manera, porque es a través de nuestras circunstancias, que El trabaja internamente en nosotros. Para no sentirnos decepcionados con Dios, debemos alinear nuestra voluntad con la Suya y someternos a Su voluntad en todas las cosas, sabiendo que si confiamos en Dios, El cumplirá su plan perfecto en nuestra vida. Cuando nuestras expectativas no se cumplen, es porque debemos aprender a depender más de El por la fe. Eso nos ayudará a hacer cosas por los demás sin esperar el mismo comportamiento hacia nosotros, entre otras cosas porque es una persona diferente, con intereses y razones distintas a la hora de actuar. Todos pasamos por momentos duros y necesitamos recordar que Dios es fiel y que pase lo que pase somos amados por El. “Sea ahora tu amor para mi consuelo, conforme a la promesa que hiciste a tu siervo” Salmo 119:76

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¿Brillarás en la noche oscura?

Posted by Celia en 28 diciembre, 2011

    En Navidad, miles y miles de luces adornan nuestras calles. ¿Será porque en Navidad celebramos que la luz vino al mundo?, como nos dice Juan en su evangelio, capitulo 1, versículo 9; “Aquella luz verdadera que alumbra a todo hombre, venía a este mundo”.

En el principio de la Creación, “La tierra estaba desordenada y vacía, en tinieblas. Y dijo Dios: Sea la luz, y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena” Génesis 1:2-4. Nuestro corazón por naturaleza, a causa del pecado,  también está vacío, desordenado y en tinieblas. Sin luz no hay vida, estamos muertos en nuestros delitos y pecados. Por eso, al igual que la creación, necesitamos ser restaurados, necesitamos renacer a una nueva vida, porque la vida auténtica y genuina está en recibir la luz, en recibir a Cristo en el corazón.

“La luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” Juan 3:19. No todos quieren ser alumbrados, prefieren vivir en oscuridad, escondiendo sus verdaderas intenciones y sus malas acciones, practicando la injusticia, la mentira, haciendo mal a otros, causando dolor y sufriendo las consecuencias de sus acciones. Hasta tal punto les envuelve la oscuridad que no ven, ni quieren ver su propia maldad, ni tampoco quieren salir de ella.

Algunos dicen que creen pero todavía viven en tinieblas. No se dan cuenta que la luz y las tinieblas no pueden convivir juntas porque “Dios es luz, y no hay tinieblas en él” 1ª Juan 1:5. La Biblia es clara en esto: “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él, y no puede pecar, porque es nacido de Dios” 1ª Juan 3:9

Los cristianos que realmente hemos nacido de nuevo, no debemos olvidar que “en otro tiempo eramos tinieblas, mas ahora somos luz en el Señor y debemos andar como hijos de luz” Efesios 4:8. Estamos llamados a brillar en el sitio donde estamos y en medio de las circunstancias que estamos viviendo, sean buenas o malas. La luz brilla más, cuando más oscuridad la rodea; es en la noche oscura cuando mejor y más bonitas se ven las luces.

 ¿Estoy brillando? ¿brillarás?

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¿Soy rara o especial?

Posted by Celia en 12 diciembre, 2011

    Hablando con un amigo, me dijo que él no puede dormir fuera de casa, que no come cualquier cosa, que se marea cuando no es él quien conduce, que lo pasa mal cuando tiene gente en casa y yo pensé; ¡qué especial es!.

Eso me llevó a pensar en otras personas y sus peculiaridades y me dije a mi misma, que en realidad todos de una manera u otra somos especiales.

Una amiga, me dijo que su cuñado, le había dicho que era una persona especial. El primer pensamiento que se me pasó por la cabeza, es que en realidad había utilizado la palabra como un eufemismo de rara. Raro significa “que te sales de lo normal” que eres “especial” aunque la palabra suele usarse de forma despectiva.

Al ser humano le gusta sentirse especial, único e irrepetible pero a su vez no quiere desentonar con el resto, prefiere actuar como otros esperan que lo haga con el fin de no sentirse excluido, ni marginado.

Nos dejamos llevar por las apariencias y escondemos aquellas cosas que nos hacen diferentes, sin darnos cuenta, de que todos somos diferentes. Ser diferente no tiene porque ser malo, e incluso, esas diferencias pueden hacerte destacar por encima de los demás, debido a tu imaginación, inteligencia y creatividad. Solo hay que observar a Lady Gaga. Seguro que has escuchado sus canciones y has visto sus videos. En el 2010 ha sido la mujer “Número 1”. Ella ha desentonado sobre todo por sus rarezas. ¿Por qué se hizo famosa Lady Gaga tan rápidamente? Porque ha sido diferente a todas las demás cantantes. Así que no es para sentirse mal si dicen que eres raro o rara.

Hay personas raras que tienen gran atractivo, pero también hay personas raras que repelen a cualquiera. ¿A qué se debe?. Una buena pregunta que todos deberíamos hacernos es: ¿Quiero llamar la atención o simplemente soy fiel a mis principios?. Muchas personas buscan llamar la atención para sentirse amadas y valoradas, dos necesidades básicas de todo ser humano. Pero el amor incondicional solo viene de Dios como dice Juan 3:16: “Porque de tal manera manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda más tenga vida eterna”. Eso es lo que celebramos en la Navidad, que Dios vino al mundo, se hizo hombre en la persona de Jesucristo para que podamos ser salvos. La Biblia dice que Dios nos amó de pura gracia, sin merecerlo, Oseas 14:4. Siendo aún pecadores Cristo murió por nosotros Romanos 5:8,  para que no solo podamos ser salvos sino que podamos entrar a formar parte de la familia de Dios, siendo así su especial tesoro Malaquías 3:17. SOMOS ESPECIALES PARA DIOS.

Hay personas que por ser raras se sienten solas e incomprendidas. Seguramente muchas de esas rarezas puedan cambiarse, otras quizás no. Lo importante es saber que Dios nos acepta tal cual somos, pero nos exige arrepentimiento no de nuestras rarezas sino de nuestros pecados y acudir a Cristo para ser limpiados por medio de su sangre. Nos va a transformar para que vivamos en obediencia a El.

Seguramente has oído la frase: “Si Dios te creó original no mueras como una copia”. Si eso te hace encontrarte en situaciones adversas o comprometidas, consideralás como una oportunidad para desarrollar tu imaginación, creatividad, dando lo mejor de ti. Pero siempre debemos tener en cuenta que lo que realmente importa es lo que Dios piensa de cada uno de nosotros, no tanto lo que puedan pensar otros.

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Los cambios nos cambian

Posted by Celia en 9 noviembre, 2011

    Cambios, muchos cambios en los últimos meses, hasta el punto de empezar una nueva vida. Lo más difícil para mi ha sido dejar la familia, los amigos, la iglesia, el trabajo, mi ciudad y empezar de cero. En realidad nunca se empieza de cero porque todos viajamos con una maleta llena de recuerdos y experiencias que hacen de nosotros el tipo de persona que somos.

Ha habido momentos de estrés y ansiedad por los preparativos, la mudanza y las expectativas. En este proceso de cambio tengo emociones entremezcladas; por un lado, me siento muy feliz y enfrento con mucha ilusión esta nueva etapa de mi vida, pero al mismo tiempo, experimento nostalgia, morriña…de todo aquello que he dejado atrás.

Es el amor el motor principal y el más poderoso que me lleva a hacer todos esos cambios, como dice Cantares 8:6; “Porque fuerte como la muerte es el amor” Y hasta que no lo experimentas en esa dimensión, no te das cuenta de lo que eres capaz de hacer por amor. Pero también es, la confianza de saber que estoy andando en la voluntad de Dios.

Esta semana me encontré unas palabras de Jim Elliot escritas en una libreta que dice: “Dondequiera que estés, estate allí del todo. Vive hasta lo sumo cada situación que creas ser la voluntad de Dios”. Dios tiene un propósito para nuestra vida, Pablo en Filipenses 3:12-14 dice: “sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús…no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás; y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios que en Cristo Jesús”. Entiendo olvidando como no aferrarse a lo que dejas atrás sino usarlo como un trampolín para seguir hacia delante. Es tomar la decisión de adaptarme a las nuevas circunstancias asumiendo nuevos retos y desafíos.

Paul Tournier comparó el desarrollo cristiano con la experiencia de estar colgados de un trapecio. El hombre que se encuentra sobre el trapecio se agarra a la barra porque le da seguridad. Pero cuando aparece ante su vista la barra de otro trapecio, es preciso que suelte una barra y salte a la otra. Es un proceso que asusta, pero es necesario.

Los cambios que estoy experimentando son buenos y han sido elegidos por mi. Pero pienso en aquellas personas que se enfrentan a cambios inesperados y que no los viven como buenos. En estos casos, no debemos olvidar que Dios está al control y que además son la voluntad de Dios para nosotros, como dice 1ª Tesalonicenses 5:18, para hacernos semejantes a Cristo. Dependiendo de lo que nos toque vivir, la forma de proseguir adelante, al premio del supremo llamamiento es diferente. Pero, en cualquier caso, los cambios nos ayudan a madurar tanto en el terreno espiritual como personal.

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“Nada es como lo pintan”

Posted by Celia en 24 agosto, 2011

    “Nada es como lo pintan” Esa es la sensación que he tenido este verano pintando la casa donde voy a vivir. Al elegir los colores, me guié por una foto que tenían en la tienda, y no me dí cuenta que no se trata solamente de gusto sino que hay que tener en cuenta otros factores.

    He aprendido que el color depende de la luz. Según la luz que tenga la habitación se ve de un tono u otro. Es decir, que en la percepción visual, casi nunca se ve un color como es en realidad; nunca se ve tal cual es. Su apreciación varía según los colores que tiene a su lado, de la luminosidad, el matiz y la saturación. También es importante tener en cuenta si es un espacio reducido y oscuro o amplio y luminoso, para elegir colores que aporten luz y amplitud o atrevernos con colores más intensos. Todo eso va a contribuir a crear un ambiente determinado que va a provocarnos una serie de sensaciones y estados de ánimo que nos ayudarán a relajarnos o por el contrario nos harán estar más tensos.

    Eso me ha hecho pensar que todos vemos el mundo de una forma distinta, dado que nuestras experiencias son diferentes. Por eso ninguno lo ve como es. Lo que cada uno de nosotros ve, es una interpretación derivada de las historias que hemos vivido. Los mismos sucesos cada persona los enfoca de manera distinta. Como dicen: “Todo depende del cristal con que se mire” osea de la visión particular que cada persona tiene del mundo, de sí mismo y sobre todo de la luz de la que disponga para mirarlo.

    Jesucristo dijo: “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” Juan 8:12. El es luz para su pueblo, pero en este versículo son muy importantes las palabras: “el que me sigue” porque nos comunican la idea de alguien que se entrega por completo a la persona a quien sigue. Recuerdo que cuando me entregué a Cristo mi percepción de la vida y de las circunstancias que me tocaban vivir cambió por completo. Pero también me doy cuenta, que ese “sigue” es un presente continuo, es un seguir diario y de cerca que no debo descuirdar nunca.

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