Esta semana he comido con una amiga con la que quedo con cierta asiduidad y cuando nos encontramos, hablamos del tiempo, de los amigos, de la vida, de nuestra vida…
A la hora de entrar en el terreno de la intimidad siempre me encontraba con un muro infranqueable, me hablaba en clave, usando ciertos códigos de comunicación que yo trataba de descifrar y de entender. Pero si ya es difícil la comunicación, la empatía, el entendimiento, imagináos cuando tratan de decirte algo sin contarte nada.
Durante años he escuchado lo que quería o podía decir y he respetado lo que callaba. Sobra decir que no lograba comprender la profundidad de su sufrimiento, sus miedos, sus luchas porque no disponía de información suficiente para hacerlo.
Nuestra amistad ha sido como un planta verde que hemos estado cuidando y regando con cierto mimo y esmero y que al fin ha florecido. En un acto de generosidad y haciendo ejercicio de su honestidad ha abierto su corazón. El hecho de depositar en mi su confianza para contarme aquello que fielmente ha guardado durante tantos años ha sido un regalo precioso. Ha sido, como abrir la compuerta de un pantano y dejar fluir las ideas, los sucesos, los pensamientos, el dolor, las lágrimas. Mi corazón se ha llenado de gratitud, no por lo que me ha contando, sino por el gran paso de confianza que ha dando. Porque estoy segura que esto va a marcar un antes y un después en nuestra amistad, que nos va ayudar a conectar de una manera más profunda y significativa. Y aunque solo me ha dejando ver la punta del iceberg, es mucho.
Es cierto, no podemos depositar nuesta confianza en cualquier persona y que tenemos que tener cuidado a la hora de hacernos vulnerables a otros.
Ser vulnerables no es ser débil. Al contrario, sólo una persona firme, madura y segura de sí misma puede mostrarse así. Hacerse vulnerable requiere valor porque se corre el riesgo de ser herido, dañado, rechazado, perder el respeto o credibilidad. Pero, mostrarse vulnerable en los momentos adecuados con las personas adecuadas es sinónimo de estar sano.
Si vivimos protegiendonos, no nos damos completamente ni a la amistad, ni al amor para no sufrir. Pero si no te muestras como realmente eres estarás condenado a la soledad. Manifestar nuestra vulnerabilidad, es la mejor manera de compartir el peso que nos agobia y obtener el apoyo que tanto necesitamos para sobrellevar la situación y salir adelante. Quien quiere protegerse con armaduras imprenetrables se aísla. Puede ganar respeto pero no amor. Al hacerme frágil declaro que necesito a otros. Ser vulnerable es dejarse querer. Tal vez por eso Dios quiso venir a la Tierra a sufrir y llorar con los hombres, a amar y dejarse amar.
Llevaba tiempo pensando que tenía que afrontar un tema con una persona a la que estoy enseñandole la Biblia pero tenía miedo a ofenderla. Si, tenía miedo, porque si peco de algo, es de ser demasiado clara y directa a la hora de decir las cosas. Y eso no siempre es bueno porque puede hacer daño a las personas. Pero es mi responsabilidad con esta persona enseñarla, corregirla e instruirla en justicia a fin de que sea madura y esté preparada para toda buena obra, 2ªTimoteo 3:16-17
Hay personas que llegan a nuestra vida con un propósito. Cada persona, nos aporta algo diferente y aprendemos lecciones que no se registran en los libros, porque no hay nada como las relaciones humanas para descubrir como somos en realidad, eso junto con los obstáculos, las dificultades, los retos que nos encontramos en el camino de la vida es lo que nos ayuda a madurar emocionalmente.
La verdad es que yo ando un poco desinflada, alicaida, sin fuerzas, cansada… no se si es el otoño o algo más. Hace dos semanas me dió un bajón porque tenía que hacer un trabajo y pensaba que no estaba a la altura de las circunstancias. Además este fin de semana pasado he estado con mis padres en el pueblo y cuando voy allí me olvido de que no soy omnipotente y me esfuerzo demasiado para hacer todo, por lo que acabo muy cansada y eso afecta a mis emociones porque me vuelvo más irritable y al final acabo metiendo la pata y todo el bien que quiero hacer lo estropeo y termino desanimada.


Decisiones, cada día tenemos que tomar innumerables decisiones. Algunas las hacemos automaticamente y otras nos cuesta más tomarlas por las implicaciones que tienen.
Nos transporta a otra época, lugar o país.
Nuestro amigo Diego, un ecuatoriano que conocimos en Madrid y que ahora vive en Quito. Totalmente dispuesto en cualquier momento que lo precisaramos para llevarnos con su coche a todas las partes. Insistía en hacerlo diciendo que para él no era ninguna molestia sino un placer servirnos. No solo nos dió atención sino también regalos hasta el punto que había momentos en los que me abrumaba porque no entendía su disposición y entrega. No se daba cuenta que en realidad, él era un regalo de Dios para nosotros. También sentimos el amor y el calor de Lucía.
y noches de farra. Alguno también nos invitó a su casa, ( la pena es que no pueda incluirlos a todos en una foto) lo más importante es que ahora también ocupan un lugar en nuestro corazón.