En Navidad, miles y miles de luces adornan nuestras calles. ¿Será porque en Navidad celebramos que la luz vino al mundo?, como nos dice Juan en su evangelio, capitulo 1, versículo 9; “Aquella luz verdadera que alumbra a todo hombre, venía a este mundo”.
En el principio de la Creación, “La tierra estaba desordenada y vacía, en tinieblas. Y dijo Dios: Sea la luz, y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena” Génesis 1:2-4. Nuestro corazón por naturaleza, a causa del pecado, también está vacío, desordenado y en tinieblas. Sin luz no hay vida, estamos muertos en nuestros delitos y pecados. Por eso, al igual que la creación, necesitamos ser restaurados, necesitamos renacer a una nueva vida, porque la vida auténtica y genuina está en recibir la luz, en recibir a Cristo en el corazón.
“La luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” Juan 3:19. No todos quieren ser alumbrados, prefieren vivir en oscuridad, escondiendo sus verdaderas intenciones y sus malas acciones, practicando la injusticia, la mentira, haciendo mal a otros, causando dolor y sufriendo las consecuencias de sus acciones. Hasta tal punto les envuelve la oscuridad que no ven, ni quieren ver su propia maldad, ni tampoco quieren salir de ella.
Algunos dicen que creen pero todavía viven en tinieblas. No se dan cuenta que la luz y las tinieblas no pueden convivir juntas porque “Dios es luz, y no hay tinieblas en él” 1ª Juan 1:5. La Biblia es clara en esto: “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él, y no puede pecar, porque es nacido de Dios” 1ª Juan 3:9
Los cristianos que realmente hemos nacido de nuevo, no debemos olvidar que “en otro tiempo eramos tinieblas, mas ahora somos luz en el Señor y debemos andar como hijos de luz” Efesios 4:8. Estamos llamados a brillar en el sitio donde estamos y en medio de las circunstancias que estamos viviendo, sean buenas o malas. La luz brilla más, cuando más oscuridad la rodea; es en la noche oscura cuando mejor y más bonitas se ven las luces.
¿Estoy brillando? ¿brillarás?



Vivo en una ciudad llena de válvulas de escape: válvulas que contaminan, pero otras que también oxigenan. La vida en la ciudad es estresante, con largas distancias, tráfico, humo, ruido, prisas. Corremos y muchas veces no sabemos por qué.

Las paredes de los edificios de la Puerta del Sol, el suelo y las pancartas alzadas, constituyen un muro de lamentaciones que grita frases como estas: “no somos antisistema, el sistema es antinosotros”, “si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir”, “nos habéis robado hasta la sonrisa”, “no hay pan para tanto chorizo”. Son voces que pretenden “despertar la conciencia social”, “desarrollar un pensamiento crítico” “y nos invitan a no dejarnos llevar por la opinión creada que nos venden los medios de comunicación, pagados por el poder económico que domina el mundo”.



